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Escribe guiones para el oído, no para la página

Quien escucha tiene una sola pasada y no puede releer. Esto es lo que eso cambia en la longitud de las frases, las cifras, los pronombres, la puntuación y las palabras.

Quien lee puede volver atrás. Quien escucha, no.

Esa única diferencia está detrás de casi todas las reglas de abajo.

Quien lee una página controla el ritmo. Puede pararse a mitad de una frase, mirar otra vez el principio y seguir. Quien te escucha tiene una sola pasada por las palabras, en el orden en que las dices, a la velocidad a la que las dices y sin marcha atrás. Todo lo que obligue a mantener una oración abierta hasta el final es una frase que va a perder.

La buena prosa escrita explota la capacidad de releer. Encaja incisos, matiza, retrasa el verbo. Todo eso se convierte en niebla cuando se dice en voz alta, y un teleprompter te lo va a pasar por delante a ritmo constante de todos modos. Un teleprompter arregla adónde apuntan tus ojos. No puede arreglar una frase que nunca iba a sobrevivir a que la dijeran en voz alta.

La prueba es leerlo en voz alta, una vez, antes que nada

Lee el borrador en voz alta al ritmo que usarías de verdad y marca cada sitio donde tropieces.

El tropiezo es la corrección. No es un problema de interpretación que se resuelva ensayando. Si tu boca no puede con una frase al primer intento, esa frase está mal construida, y ensayarla solo te enseña a sobrevivir a una mala frase. Córtala, pártela o dila de otra manera, y sigue.

Haz esto antes de tocar cualquier otra cosa. La mitad de los problemas que la gente le achaca a un teleprompter son frases que nunca iban a funcionar en voz alta, y se ven en una sola lectura.

Una idea por frase

Compara estas dos.

Aunque la encuesta, que cerró el viernes, tuvo menos respuestas que la del año pasado, los resultados, una vez ponderados, cuentan más o menos lo mismo.

La encuesta cerró el viernes. Tuvimos menos respuestas que el año pasado. Ponderados, los resultados dicen más o menos lo mismo.

La primera está bien en una página. Dicha en voz alta le pide a quien escucha que sostenga ese «aunque» abierto a través de dos incisos antes de que nada se resuelva. Cuando llega el verbo principal, ya lo ha soltado.

La segunda son tres frases y cinco palabras menos. Además te da tres sitios donde respirar, cosa que la primera no.

Los puntos son lo más barato que hay en un guion. Usa más de los que usarías escribiendo.

Pon el sujeto delante y déjalo ahí

El español escrito tolera una carrerilla larga. El hablado no.

Lo que el equipo descubrió, después de seis semanas probando tres compilaciones distintas, fue que el fallo estaba en el instalador desde el principio.

El equipo probó tres compilaciones durante seis semanas. El fallo estaba en el instalador.

Carga el principio de la frase con quién hizo qué. El detalle, los matices y las fechas van después, en frases propias, donde quien escucha puede engancharlos a algo que ya está sosteniendo.

Cifras, nombres y todo lo que haya que descifrar

Las cifras son donde los guiones se rompen de forma más visible, porque no puedes improvisar para salir de un número que no sabes decir.

  • Redondea, y di la cifra exacta solo si importa. «Alrededor de uno de cada tres» gana siempre a «el 34,7 por ciento», y «un millón cuatrocientos mil» gana a «1 438 206».
  • Pon la unidad junto al número, en el orden en que lo dirías, y escríbela con letras: «cuarenta mil dólares», no «40 000 $».
  • Da una comparación en vez de tres cifras. Quien escucha puede sostener una.
  • Nunca pongas dos números en la misma frase.

Los nombres y las siglas necesitan el mismo trato. Desarrolla una sigla la primera vez y usa la forma corta después. Para un nombre que te cueste, escribe en el guion la pronunciación en lugar de la grafía. Nadie ve el guion salvo tú, así que no hay razón para que contenga la ortografía correcta de una palabra que estás a punto de pronunciar mal.

Luego están las palabras que se escriben igual y suenan distinto. «Público», «publico» y «publicó». «Término», «termino» y «terminó». «Célebre», «celebre» y «celebró». «Depósito» y «deposito». Cada una obliga a decidir en el momento en que la alcanzas, y el teleprompter no espera a que decidas. Pon la tilde siempre y coloca antes la palabra que desambigua, no después: «el año pasado lo publicó la agencia» es seguro; «lo publicó, el año pasado, la agencia» te hace adivinar.

La puntuación es respiración, no gramática

En un guion, una coma es una pausa corta, un punto es una pausa más larga y un salto de párrafo es un tiempo en el que puedes apartar la vista y volver.

Eso significa que tu puntuación tiene permiso para llevarle la contraria a un libro de estilo. Pon una coma donde respirarías aunque la oración no la pida. Parte una frase en dos donde quieras la pausa, aunque quede un fragmento. Un fragmento es una frase hablada legítima y siempre lo ha sido.

Dos cosas se ganan el sueldo y una no. La raya se lee como una pausa más larga y más seca que la coma, que es útil para un inciso. Un salto de párrafo te da un sitio donde aterrizar y una respiración. El punto y coma no hace ninguna de las dos, porque no tiene sonido. Pártelo en dos frases y elige qué mitad importa.

Usa las palabras que usas de verdad

Relee un borrador y rodea cada palabra que no le dirías a alguien que tuvieras delante.

Los sospechosos habituales: «utilizar» por usar, «con el fin de» por para, «con anterioridad a» por antes de, «asimismo» y «no obstante» por y o pero, «implementar» por hacer, «facilitar» por ayudar. Ninguna está mal. Todas avisan de que la frase se escribió para archivarse y no para decirse, y quien escucha nota la diferencia de inmediato aunque no sepa ponerle nombre.

Habla como se habla. Deja caer el sujeto cuando el verbo ya lo dice, usa «hay que» en vez de «es necesario», y deja «el cual» para los documentos. Guarda la forma marcada solo donde el énfasis sea el objetivo: «nosotros no lo lanzamos» cae más fuerte que «no lo lanzamos», precisamente porque no es lo que dirías normalmente.

Los pronombres tienen alcance, y es corto

«Lo», «esto», «eso» y «ellos» tienen que apuntar a algo de la frase anterior, o como mucho de la de antes.

En una página, un pronombre puede alcanzar un párrafo atrás, porque el ojo de quien lee puede ir a comprobarlo. En voz alta, el referente ya se ha ido. Si ha pasado más de una frase, vuelve a nombrar la cosa. Repetir un sustantivo suena algo torpe en la página y completamente normal en voz alta, lo cual te dice para qué medio estás escribiendo.

Lo mismo vale para las listas. Di cuántas cosas vienen, quédate en tres y márcalas con «primero», «luego» y «por último» en vez de «en primer lugar», «en segundo lugar» y «en tercer lugar». Cualquier cosa de más de tres elementos es una lista que quien escucha deja de contar, y probablemente debería ser una frase.

Las primeras quince palabras

Sea lo que sea lo que hayas escrito como apertura, comprueba si el video empieza de verdad después de ella.

Hola a todos, bienvenidos de nuevo al canal, espero que la semana vaya bien. Bueno, hoy quería hablar de algo que varias personas me han preguntado en los comentarios.

Son veintinueve palabras y no dicen nada. Reescrito:

Esta semana tres personas me preguntaron cómo evitar que un teleprompter les haga sonar como un robot. Esto es lo que lo provoca en realidad.

Veinticinco palabras, y la segunda te compromete con un tema. Los saludos no son una apertura. Pon el tema primero y saluda después, si es que saludas.

La duración es aritmética, no intuición

No puedes juzgar la duración mirando una página de texto, pero puedes calcularla exacta, porque la duración de un guion es su número de palabras dividido entre tu ritmo al hablar.

A 140 palabras por minuto:

  • 30 segundos son unas 70 palabras
  • un minuto son unas 140 palabras
  • tres minutos son unas 420 palabras
  • cinco minutos son unas 700 palabras
  • diez minutos son unas 1400 palabras

Esos números son más pequeños de lo que casi todo el mundo espera, y un primer borrador se pasa habitualmente en una quinta parte. Corta antes de grabar, no en el montaje. Un corte en el montaje te cuesta un salto o volver a grabar. Un corte en el borrador no cuesta nada.

El escenario muestra la duración de lo que haya en la caja, calculada con la misma velocidad que usa el desplazamiento, así que la estimación y el avance real son el mismo número. Si solo quieres la estimación, el cronómetro de guiones hace la misma cuenta en una página propia.

Dale formato para un teleprompter, no para un documento

Un teleprompter desplaza texto plano, y tú vas a leer lo que haya en la línea que tengas delante.

  • Deja los párrafos cortos. Tres o cuatro líneas te dan una pausa donde aterrizar y un sitio desde donde retomar tras mirar al objetivo.
  • Deja las líneas en blanco. Son pausas, y son también lo que impide que una frase larga llegue toda de golpe.
  • Quita tablas, columnas, notas al pie y citas entre paréntesis. Nada de eso sobrevive a leerse en una sola columna.
  • Deja fuera las acotaciones. «PAUSA AQUÍ» en una línea suelta acabará leyéndose en voz alta en una toma que te gustaba. Pon la pausa como un salto de párrafo, que hace el mismo trabajo y no se puede pronunciar.

Si aun así quieres las notas, guárdalas en un segundo guion y no en el que lees. En el escenario hay varios guiones a la vez y puedes alternar entre ellos, así que una copia de trabajo y una copia limpia de lectura pueden existir las dos sin que una pise a la otra.

El bucle, en orden

  1. Escríbelo como salga. No corrijas mientras redactas.
  2. Léelo en voz alta una vez a tu ritmo real y marca cada tropiezo.
  3. Corta una quinta parte. Siempre hay una quinta parte.
  4. Léelo otra vez a la velocidad que hayas fijado en el teleprompter.
  5. Arregla solo lo que te trabó dos veces. Una vez eres tú; dos veces es la frase.

Son cuatro pasadas y llevan menos tiempo que una toma de más.

Cuando el guion está bien, lo demás es interpretación, y la interpretación tiene su propia lista corta de arreglos: cómo leer un teleprompter con naturalidad cubre la línea de mirada, la velocidad y la distancia de una frase por delante.